LAIMPLICADA

Thursday, March 23, 2006

Pregunta, pregunta, pregunta?
Còmo putas hago para adjuntar una imagen, si revisan en la parte inferior , hay una foto, pero de chepa porque he brujeado y no tengo la màs mìnima idea.
SUBYUGARSE


En medio de la noche,
un hombre caminaba solitario provocando lástimas.
La mirada fija de ella,
lo acechaba desde un escondrijo opaco y abstracto.
El encuentro no era promovido por la incertidumbre,
la frialdad de la seducida había ganado una extensa batalla
donde sus anhelos, abrumarían al tierno y amistoso amante.

Forzar un encuentro erótico.
Fingir besos placenteros para que él invoque a las antiguas sensaciones,
¿No serían motivos suficientes para agobiar de nuevo su existencia?.
La proximidad de sus cuerpos era inevitable
al igual que el ineludible enlace de sus almas.

Ella, indecisa extiende sus alas y atrapa a su víctima con pasión.
El aliento de sus manos le hurtan la energía exigua,
aunque ansioso espera aquellas noches de lujuria y dolor.
Ella vivaz, muerde su labio inferior;
Aquel bocado carnoso derrama su espeso licor de dioses y,
como un ligero hilo se desliza por su pecho.

Ella ferozmente ataca al enemigo hasta que la cálida savia se desprende de él,
respondiendo a un llamado violento proveniente de sus dientes ámbar.
Sin compasión se desperdicia la vida.

En medio de la noche,
Aquella mujer abandona velozmente la escena.
Las lágrimas recorren su rostro con cierta lentitud,
mientras sus manos con movimientos torpes,
Intentan limpiarse aquellas estelas de vida.
LA MATÈ Y QUE?


Probablemente, esa noche sería la última vez que asaltaría la calle; no por el pánico sino por la sorpresa que se llevó al salir, seguramente, del restaurante chino ubicado en la esquina de la autopista suroriental con 63. La cardiaca sensación de sentirse indefenso por la grandiosidad de las estructuras lo llevaron a juzgarse como un insecto.

Aquí empieza la libertad, dijo él al encontrarse de frente al áspero mar de cemento; divisó a lo lejos lo que tanto añoraba y trató de hacer un cálculo aproximado de la distancia dando como conclusión que el trayecto se llenaría con 1000 de su tamaño, ubicados en línea recta como en reclutamiento. Es cerca, es cerca, es cerca, repetía sin cesar con el propósito de darse ánimos , deseaba verse fuerte pero los nervios eran evidentes y en contra de su voluntad le hicieron crispar los desordenados vellos de sus extremidades raquíticas.

El paisaje desolador le agobiaba pero al escurrirse por la pared vertical y disponerse a la sumersión notó la presencia de unos monstruos rectangulares, multicolores, con olor a oxido y con unos círculos luminosos en la cara que servían para dirigir su camino. Ellos pasan raudos, ignorándome, pero llegará el momento en que yo los desprecie tanto como ustedes.... Sus palabras fueron interrumpidas con el roce de uno de los monstruos, que en cierto momento de su vida, pensó que los odió hasta la muerte por haber sido los autores intelectuales y sobre todo, ejecutores de masacres donde sus familiares , amigos, conocidos y demás fueron víctimas.

Entre tanto ejecutaba su monologó, precipitadamente se interrumpió y miró al frente. Por un momento se sintió feliz porque los monstruos odiosos no estaban al acecho. La soledad de las 7:20 p.m. de aquel jueves, lo dejó inmóvil por un eterno segundo sobre el andén izquierdo pero sin desaprovechar oportunidades se lanzó con paso presuroso para él y lento para mi que observaba desde la acera contraria.

Cuando iba en mitad de camino su peor enemigo no habia sido eliminado según, me imagino, sus perversos sueños. Tal vez, desaparecieron por un instante pero para llenar ese vacío, estaba yo. En cualquier momento podría responder a un impulso de superioridad y ¡!!chazzz!!!, pisarla con mi pie derecho haciendo presión sobre su cuerpecillo crocante, dando medios giros que responden al ritmo del cha cha cha; continuando rítmicamente con mis movimientos hasta creerme feliz al ver una figura abstracta en miniatura que combina los cafés en todas sus expresiones, y posiblemente, al reparar ese cuadro me sentiría tranquila al culminar mi sueño de artista.

Es seguro que mi obra no se exhibiría en el museo de arte moderno la tertulia pero estoy satisfecha al conocer que mi primera muestra fue realizada al aire libre, en la mitad de la autopista suroriental con 63, en el carril izquierdo que atraviesa la ciudad de Cali de sur a norte.

Wednesday, February 01, 2006



que viva la muerte , UN CUENTO ENTRE ISABEL ALLENDE Y MEMPO GIARDANELLI

La coma, màs que una tílde tirada al suelo es inspiradora de novelas. Tanto como Paula de Isabel Allende y Visitas después de hora de Mempo Giardanelli la tomaron como musa, tanto en su vida real como en la ficciòn, para alimentar la narración, construirla y darle voces inexistentes pero que suenan reales mientras el otro està en cama. O mejor dicho, en coma.

Este es un cuentito que nace despues de leer Paula, al recordar a Giardanelli y sobre todo, a las descripciones de la agraria infancia de mi padre.



En sigilo me acerco hacia tu cuerpo pálido y lánguido, humedezco tus mejillas hundidas con el aliento de mi boca ajada con los años. Te observo en silencio. Imagino que el hedor a medicina rancia de mi aposento es tan penetrante que alcanza a camuflar el olor a brisa fresca y a pasto húmedo de nuestros recuerdos. En ocasiones deseo gritarte al oído, tomarte de los hombros y estremecerte rudamente hasta que pueda escuchar el eco de tu alma, aunque sólo sea un ruido, grave, sordo, para matar este silencio.

El transcurrir lento del tiempo suele ser tormentoso para una mujer de seis décadas, robusta y con el cabello gris por no tener más preocupaciones que las inventadas por la ausencia de ellas. Yo también me canso, quizás tú por escucharme, y yo, por elaborar monólogos divinos, sin principio ni fin. Eternos.

Ya van dos noches buenas acompañándonos. Hoy es el primer día de un año como todos y para no transgredir con las costumbres de mi madre, pondré los villancicos en la antigua radiola, quien debe esperar ansiosa cada primero para desempolvarse las entrañas. Y como siempre, el segundero retrocede y la habitación se inunda desde sus techos hasta el suelo con una capa sepia, amarillenta como las hojas de nuestros álbumes familiares. ¿No te sientes en la infancia?.

Recuerdas que solíamos levantarnos antes del amanecer para ayudar a nuestra madre con algunos quehaceres matutinos. Era sólo escuchar el canto del gallo papujo para que de un sopetón nos levantáramos de nuestras camas isabelinas, de olor a madera añeja, y descalzas nos atravesáramos el campo dejándonos hacer cosquillas por el pasto cocuyo, humedecido por el rocío.

Hemos cambiado tanto, ¡maldita sea!. Y ahora tu eres mi Frida doliente, que soñaba con pintarse así misma evocando aquellos tiempos donde nuestros vestidos de encajes, se elevaban con cada giro, con cada movimiento de inocencia hasta que por excesos terminábamos en el suelo, comiendo tierra de alegría y restregándonos la felicidad. Felicidad que añoramos.

Al ordeñar las vacas después del alba, llevábamos la cantina oxidada hasta la cocina, donde el olor a maíz trillado nos obligaba a sentarnos en el piso para esperar, esperar que las arepas se doraran para robarlas disimuladamente y así, adelantar nuestro primer bocado del día. Minutos más tarde, nos encontrábamos con una taza grande de café, una arepa y un huevo frito alrededor de la mesa central, agradecíamos por los alimentos recibidos que en contados segundos íbamos a devorar casi con angustia, para poder salir a disfrutar de nuevo los verdes polifacéticos que rodeaban nuestro lecho.

Como en los viejos tiempos, la comida también es escasa, las gavetas de la cocina están colmadas de frascos con olor a hospital y espero que tus sentidos no estén dormidos todavía, por el pasillo se acerca sigilosamente el humo del café negro. No es como el de mi madre pero todavía conservo las tazas, de color azul y blanco en degradé, de porcelana, con remiendos en sus agarraderas por los continuos accidentes de cocina. ¿Sabes?. En ocasiones no puedo controlar las lágrimas que me fustigan por no haberte dicho que mi niñez fue feliz por ti, ¿Por qué esperar tanto tiempo para recordártelo?.


No sé si es tarde para preguntar en donde quedaron nuestras sonrisas y el por qué las olvidamos tan fácilmente. La fatalidad me consume en cada respiro acelerando mi corazón e inundando mis ojos de cólera, porque sé que todos tenemos un final.
Tu coma me come la calma y me quita las ganas de vivir.
LA IMPLICADA